lunes, 21 de septiembre de 2009

Para la velada



NO te volveré a ver, eso lo sé, y la idea me agrede de tal forma que no creo poder soportarlo, ¿acaso tú?, nunca podré saberlo, tan fugaz e incolora, desearía que me dedicaras ,tan solo, un par de palabras al vacío.


Un par de palabras al vacío que yo recogería con esmero único, las perseguiría como las hojas al viento hasta poder capturarlas, correría de vuelta hasta ti y te diría: "Aquí las tengo"; y sonreiría como un niño seguro, porque de otra forma no podría ser.


Luego te diría: "Di algo, di algo" ; y, apenas las sueltes, denuevo correría como un perro tras ellas hasta encontrarlas y traértelas de vuelta, y yo feliz con tal de que me hables, porque soy bueno para escucharte hablar y es una de las pocas cosas que jamás nadie me quitará, el regalo de admirarte mientras lo haces.


Yo no te hablo, soy mudo, Dios se equivocó conmigo al darme lengua, prefiero escuchar, porque escuchando aprendo (escuchándote) y hablando lo estropeo todo (hablándote), por eso escribo, porque es una manera de hablarte pero sin abrir la boca, calladito me ves más bonito, ya lo he asimilado...


Te vas yendo y no te veré volver, no te despides y no dices nada, no hay palabras al vacío esta vez, no hay adiós, tan solo yo tras tus huellas, tras tu recuerdo ajeno que no me abandonará.

Me hubiera gustado decirte lo linda que eras, hubiese sido genial.



A,B,C,D,E,F,........M.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Vivir con bastón


Se apagaron las luces. Ayer me dijeron que era domingo. Hoy me han dicho que es lunes. Dicen que mañana será martes. También dicen que soy medio idiota y payaso, yo les creo.


Hoy me caí por las escaleras, el piso estaba mojado. Caí de espaldas como una tortuga, incapaz acaso de levantarme, mirando al cielo me fije en una nube y tenía forma de algodón. Como me gustaría caer al cielo.


Camino adolorido, tengo los dos brazos moreteados, me golpié condenadamente el brazo derecho y creí que se me había roto. Intenté recoger mi mochila pero mi brazo me punzaba de forma inaguantable. Sería bonito ser zurdo.


Me confundí de salón como siempre, me senté en otro y me empezaron a mirar raro. Como es normal no les hice caso, tal vez es mi cara pensé, soy muy feo, carijo, asusto. Entró otra profesora, comprendí mi cojudez. Me pregunto si no me habré equivocado de vida, también.


Llego tarde al otro salón, entro por la puerta trasera para que nadie me vea. La dejo abierta para no hacer ruido al cerrarla, se tira sola, todos me miran como el desadaptado que llega tarde e interrumple la clase. Hago una mueca del Chavo y me huele a circo romano. No es la única puerta que se cerró, sin que yo quiera.


Abstirobert se ríe de mi estupidez, yo también pero no exageradamente porque me duele la espinilla cada vez que lo hago. La próxima que te tires a la piscina mira que haya agua pues, me dice. Yo le digo: Tienes razón, hombre, también me pondré mi ropa de baño.


En el pasadizo nos encontramos con Nicotina, tiene la pierna rota. Yo me quejo de mi brazo, él se queja de su pierna, Abstirobert de que nos quejamos mucho, mi vecino de que leo hasta tarde, mi padre de que no me entiende, mi corazón de que lo maltrato mucho. Los seis seríamos un excéntrico equipazo de futsal.


Tenemos hambre, vamos al comedor. Hay una cola inhumana. Todos atrapados en la misma sociedad, me acuerdo de la canción. Hago mi colita como todos, estoy contentito, no sé si llegará a algún lado específico pero estoy ahí, mezclado. Abstirobert, Nicotina, y su señorita, están buscando mesa. No avanza la cola, me fijo bien, hay otra al costado, voy para allá y le pregunto a un mesero: Disculpa, se me perdió el camino hacia la felicidad ¿Dónde es la cola?


Se acabó el menú, no almorzé. Me olvidé de leer Argu, no dormí. Me dormí en Mate, no entendí. Me resfrié por tonto, no me di cuenta. Me perdí en mi propia vida, no me encuentro. Tomé un café y me dió más sueño, fue lo único de lo que no me arrepentí.


Cae la noche aquí, aunque ya estaba antes. Llevo la mochila en el brazo izquierdo y cojeo un poco, con gracia. Nos dirigimos hacia la salida. Le pregunto a Abstirobert, me gusta preguntarle porque sus respuestas nunca tienen dueño: La barbilla te crece rápido ¿verdad? y él me contesta parco, inocente: "Claro!, no puedo parar mi desarrollo pues hombre!"

Y yo río por primera vez en el día mientras me dice que aún tengo cara de niño...




Abstirobert, Nicotina, Alexsex, Dudopata.


M.

domingo, 23 de agosto de 2009

Breve discursivo


Me das ganas de ser feliz y no puedo evitarlo. Si logro sonreír alguna vez, tú eres la culpable. Te echo la culpa de todos los pocos momentos felices que he podido vivir hasta el momento, porque es injusto que tu eterna mirada toque la puerta de mis ojos, no lo merezco.

Si llego cansado a mi casa (que no es mía), e imagino que me vas a recibir tú, con un beso (o una certera cachetada), no pateo la puerta como siempre, si no que la toco suavemente y saludo cordial a mi familia, como si fuera mía.

Si debo levantarme temprano, y mi condición de flojo no me lo permite, pienso en ti, porque es una de las primeras cosas que hago al despertar, y una de las pocas y más importantes también.
Si pienso que no pienso, que soy más tonto e ingenuo de lo que creo, que nunca seré algo significativo (o insignificativo) en la vida, apareces tú de repente y me olvido todo, te escribo unas lineas y creo que podría hacerlo por siempre, para ti.

Si sé que voy a verte en el día, aunque sea de lejitos, o por solo un minuto, trato de vestirme bonito (trato) para que no te des cuenta de lo huachafo que soy, de que tengo un mal gusto para todo menos para ti, porque tal vez seas lo único en mi vida que no sea un error, lo único que sea bonito.

Si adivino (no soy adivino) que no voy a verte en el día no hago nada, me siento a ver pasar el tiempo hasta que des la vuelta al universo y aparezcas por aquí, porque dicen que el universo da vueltas pero yo sé que no es así, eres tú quien da vueltas en mi cabeza, eso es lo único que sé.

Si salgo a dar una vuelta por ahí, intentando aclarar mi mente, camino rápido porque se me ocurre que de repente así te pueda alcanzar, pues la vida es una carrera y, aunque sé que nunca la ganaré, me esperanza el poder siquiera trotar de tu lado, para ver la vida de otro color.

Si sigo enumerando cosas que en mi vida se relacionan contigo, sé que no voy a terminar jamás, porque existen cosas en la vida que nunca se podrán terminar de explicar y existe vida en las cosas que nunca se terminan explicando. Eres inexplicable y certera, sobre todo cuando me miras.

Y si de pronto te sueño, despierto y no estás a mi lado; lloro amargamente pues comprendo que puedes estar mucho más lejos de lo que pensé, y que todas las casualidades que el destino nos ha deparado para los dos pueden muy bien estar desligadas de nuestros futuros...

Porque respiro hondo y pienso: Soy una bolsita voladora, de esas que vagan por los aires sin dueño, si es que no te tengo a mi lado; y así sueño que me recoges de los cielos, me agarras de las asas y puedo caminar aferrado a tu mano, y siento que también a veces yo soy culpable de reír por ti. Volemos juntos, entonces te diré...



M , desde luego.

lunes, 17 de agosto de 2009

Olé


Bajo este cielo gris te invento, nunca estuviste, nunca estarás y nunca estás; sin embargo sigo creyendo que te veo, aunque en realidad nunca lo hago, solamente te contemplo (que es como otra manera de morir). Me gusta morir lento; así, contemplándote indefenso tras las rejas de mi incompetencia matutina, lejos de ti, lejos del amor, lejos de la felicidad y lejos de morir rápido, de un tirón, sin darme cuenta.

No quiero darme cuenta de las cosas de nuevo, no otra vez. No quiero. Sería transgredir mis normas de convivencia una vez más, hacerme daño sabiendo que lo voy imaginando todo como un demente y en realidad no es así. Voy perdiendo todo, la cordura, la salud, la imagen, la plata, las ganas,las noches sin dormir, las ganas de escapar de una vez y decirte "aquí estoy."

Lo voy perdiendo todo y en el fondo me doy cuenta que soy un perdedor, un perdedor sin suerte y perdido. Un perdedor que se está perdiendo y no sabe perder, solo perderse. Que mantiene el gusto de saberse perdido y se lo reserva para sí mismo, para perderse solo y no perder a los demás, porque el mundo no tiene ya más cupos para los perdidos, lo leí hoy y me lo creí.

En realidad creo que ese es el problema, me lo creo todo. Creí en ti, aún no sé si eres real pero sé que existes. Sé que me piensas todas las noches antes de dormir y maldecir al mundo cuatro veces en diferentes idiomas. Yo sueño con que te gusta maldecirlo en portugués, porque me divierte la idea de que tus labios puedan formar aquellas siluetas mientras reclamas, golpeando al aire con un puño exigente, el porqué de la soledad inminente. Yo por mi parte, pensando en ti también, y preguntándome por qué demoras tanto en llegar, dejando la luz prendida por si te animas a sorprenderme una de estas noches, mientras me hago el dormido; leyendo algún libro hasta el amanecer, por si te encuentro entre sus interminables páginas; comiendo cualquier bocadito, asaltando mi refrigerador por las madrugadas, sirviendo dos platos en la mesa y mirando el reloj. Se hace tarde y no llegas, como lento por si llegaras.

Me lo creo todo, pues. Creo que después de todo si creo, pero no creo que crea en mi. Eso es lo que creo.

Me gustaría algún día dejar de creer tanto en cosas que no ocurrirán, creer en lo que todos creen que es lo real, lo que el mundo propone, a lo que la sociedad te encadena y, a cómo nos fabricaron.

Dilucidar si es que estoy equivocado o no, si es que en realidad todo esto que voy viendo como la película de mi vida no es más que una cinta vieja, rebobinable. Ver si tú no eres solo una escena más en ella, una de esas medias tristonas que te dan ganas de tragar harta canchita para ahogar la pena, si no eres solamente un espejismo más que ha aparecido en el desierto de mi vida para decirme: No way, sé que tú no puedes.

Para demostrarme que soy un perdedor graduado, con varias derrotas de currículum y muchos certificados de confusión anexados a mi vida, con un par de recomendaciones de parte de los golpes de la vida y una foto mal tomada, con los ojos cerrados, para saber si eres de verdad.

Insinúo inventarte, bajo borradores sin sentido y sé que no estás ahí, que me evades como a un toro y me dices "olé" mientras me clavas las espadas. Yo sigo siendo el mismo, el mismo insensato, el mismo cabezadura y el mismo que cree que algún día llegará lejos, tomado de tus manos o de tus alas. Recostado sobre tu adorable cabello, que aveces huele a flores de cementerio.

De todas maneras, vivo por ti, anhelo por ti y lucho para dejar de hacer las cosas por ti, porque eres mi motivación personal y tal vez nunca dejes de serlo. Porque si te veo asomar una sonrisa por la ventana de mi futuro la cuenta estará saldada para siempre.
Porque yo te creo y eres como lo imaginé, perfecta y fugaz.

lunes, 10 de agosto de 2009

Mi mejor maestro


Yo conocí a Pluto cuando tenía más o menos 12 años y estaba de vacaciones. Era un niño (sigo siéndolo) con bastante sentido del humor, algo pequeño pero de corazón grande quizás. Esas vacaciones de verano fueron épocas en que comencé a conocer la vida: Por las mañanas, me divertía viendo a las superpoderosas, a la vaca y el pollito, pokémon y toda otra sandez que buenamente nos ofrecía Cartoon Network. Por las tardes, mis padres me expulsaban de mi casa alegando que era un vago incurable y profesional (no los contradigo) y me conminaban a que realizase algún tipo de actividad que la gente normal hacía, ya sea manejar bicicleta o hacer amiguitos en el barrio, todo parecía excusable para ellos con tal de tenerme fuera de su vista un par de horas, estoy seguro que para ellos era un alivio inigualable el no verme,el creer por un momento que no existía. Por las noches, veía Mil Oficios y me convencía de vez en cuando de que la vida podía ser bonita, me reía sin control con las ocurrencias de Memo y de Lalo, me identificaba tanto con sus inexplicables aventuras que innumerables veces les hacía un gesto de complicidad con la mano mientras sonreía, nunca volví a ver la vida ni la televisión como antes.

No fue así como aprendí a vivir, nunca lo logré ni lo lograré, pero puedo sentirme un poco más cerca de un intento cada vez que lo veo caminando por las calles a él, a Pluto. Él ha sido mi mejor maestro aunque nunca me haya dicho una palabra, él me enseñó que a veces una mirada o un silencio pueden decir mucho más que cualquier cosa. Yo lo veía caminando por las tardes y por las noches, siempre solo, admiraba su soledad y su paciencia, su paciencia y su tranquilidad, su tranquilidad y su sosiego, esa calma que me daba el verlo caminar solo por el parque o por los barrios vecinos. Parecía saberlo todo, a pesar de que caminaba por largas horas nunca se cansaba, nunca se perdía ni pedía ayuda, no le gustaba molestar preguntando a la gente y eso era admirable para mí, siempre tan sencillo, Pluto.

Debo admitir que nuestro primer encuentro no fue para nada amigable, me habían obligado a comprar pan muy temprano y estaba muy fastidiado, con un humor de perro podría decirse, yo no sabía que él vivía en esa casa, caminaba enfurecido apretando la bolsa de pan y entonces ocurrió, se reventó la bolsa y se me cayeron todos los panes, mientras los recogía disimuladamente para no recibir el castigo de mi vida él se paró en su puerta y me miró fijo, con una mirada severa y castigadora pero a la vez reflexiva, lo odié por darse esa confianza para conmigo y le tiré un pan sucio como para provocarlo. Corrí hacia mi casa y les conté la verdad a mis padres, no me castigaron pero me obligaron a comprar el pan con mi propina (que no me daban) y me las tuve que ingeniar para conseguirlos. De regreso estaba muy arrepentido, pasé por su casa y no lo encontré, tampoco al pan. Fue la primera lección que recibí, aprender a perdonar.

De ahí podría contar innumerables leyendas acerca de él, que no se sabe cuántos años tiene exactamente ni donde nació, que aveces aparece por las noches intentando entrar a las casas pero nunca lo hace, que es tan sencillo que no necesita dinero para vivir, que no se le conoce pareja alguna y que vive más feliz que cualquiera de los vecinos, aparentemente no conoce el amor, pero nadie sabe más que él, de eso estoy seguro.

Siempre sentí curiosidad por saber su nombre, por aquellos tiempos lo había visto un par de veces por ahí pero nunca me había atrevido a hablarle, temía que no me diera la respuesta que esperaba, con el tiempo entendí que no me lo dijo porque no era necesario, los nombres son etiquetas puestas para reconocer objetos y él nunca se sintió como uno de ellos, tardé varios años en comprenderlo, en entender que debo aprender a ser más persona y aprender a moderar mis palabras. Fue otra lección que aprendí de él.

No obstante, sí tenía un nombre, y no me vendría de enterar de ello hasta los 15 o 14 años, una tarde de almuerzo con mis padres, en las que solían citar mal ejemplos para escarmentarnos a mi y a mi hermano, como advirtiéndonos de lo que nos esperaba si nos atrevíamos a ser más libres de lo que ellos quisieran que seamos. Empezaron a comentar acerca de alguien que se iba de su hogar sin avisar y no volvía si no hasta después de varios días, que se dedicaba a caminar y rebuscar bolsas de basura para sacar algo provechoso de ellas, dejando tal vez desorden, pero saciando su sed de curiosidad. Pregunté interesado de quién se trataba, quién era aquel del que tanto hablaban, me dijeron que se llamaba Pluto y vivía a un par de casas de la nuestra, que de seguro lo había visto mientras caminaba por el parque y que tuviera mucho cuidado. Yo lo reconocí inmediatamente, propuse que no tenían derecho a hablar de él de aquella manera, que no se lo merecía, y entonces me fui de la mesa intempestivamente haciendo vibrar todos los vasos.

Hubo muchos episodios iguales en la misma mesa de la cocina, con los mismos personajes y los mismos temas, mismos resultados y mismas discusiones, yo renegando y no comprendiendo el por qué tenían que verlo de esa manera, como si se tratase de un perro.

Han pasado los años y lo sigo viendo, por lo menos dos o tres veces a la semana, durante todo este tiempo me ha enseñado cosas que jamás pensé aprender y entender, solo su sabia mirada suele decirme qué es lo correcto y que debo evitar, qué me hace daño y cuando debo dejar de vivir corriendo y darme un espacio para pensar a su lado, pues él siempre viene cuando lo llamo, aunque nunca me salude.

Me siento muy honrado de haberlo conocido, cada vez que pienso que me ha ayudado a entender la vida no puedo evitar una sonrisa de mi rostro escapándose, sobre todo cuando estoy con otras personas y me preguntan de qué libro he sacado aquel pensamiento o quién me la ha dado a conocer. Yo sonrío porque no me creerían si se los digo, y sonrío también porque hoy hemos cenado pollo a la brasa y eso siempre es una buena noticia para él. Sonrío porque él me enseñó a hacerlo y sé que no se ha equivocado. Sonrío porque hoy en la noche, cuando todos se hallan dormido, menos él y yo, saldré sigilosamente de mi casa y le llevaré una gran bolsa de huesos y no me mirará con cara de perro por darle las sobras, porque él me enseño a ser agradecido y sabe que lo hago de todo corazón. Sonrío porque empieza a mover la cola y se deja acariciar suavemente mientras come.

En momentos como esos suelo darme cuenta que me hubiese gustado ser un perro y que el carro de mi papá y, mi vida en especial, dependen totalmente de él.

domingo, 26 de julio de 2009

Sería un piojo por ti


Julio 2009

No puedo evitar escribir insensateces, siempre lo hago. Es un ejercicio que me alienta de alguna manera a algo que espero con ansias, de que llegará el momento de que las letras me sean esquivas y de que por fin pueda dejar de hacerlo algún día. Por eso lo hago, para alcanzar esa deseable meta que me gustaría oscuramente tocar. Pero soy un testarudo y terco abominable, y desgraciadamente no pienso poderlo cambiar, así fui tejido y elaborado (un poco chancadito, bueno, bastante) y es muy probable de que no pueda cambiar, aunque esto suene un poco subversivo para mí, hasta para mi propia calamitosa existencia. Me he resignado ya a que seré un insensato hasta que algo o alguien me pase, porque siempre pasa algo que nos hace cambiar y yo, que soy muy habilidoso para esquivar esas oportunidades, me he predicho que indudablemente algún día habré de caer, y entonces buscaré por fin la palabra "insensato" en el diccionario.

Siempre he pensado que hay una luz en el túnel ( o algo así ) y es que es lo más lógico, creo yo, por algún lugar hemos de haber entrado, y estoy seguro de que por ese mismo lugar se podría observar la luz de vez en cuando, cuando nos provoque perezosamente; y escapar tal vez o adentrarnos en la oscuridad con más dedicación. No lo sé, de repente se me ocurre que le puedo encontrar una luz a todo esto, o un camino alternativo, pensar que lo que hago no afecta o no me afecta en nada y cerrar mis ojos a todo esto que no quiero ver y que, sin embargo, veo apenas abrir mis ojos. Por eso procuro tenerlos cerrados, pero me entra un sueño feroz que soy incapaz de batallar, otra vez me demuestro que soy franqueable y me dejo llevar por los sueños, aunque casi siempre sueñe en blanco.


Ahí es cuando me doy cuenta de que la serotonina puede más que mi voluntad o lo que sea que le da fuerzas a uno cuando se siente perdido o distraído. Me doy cuenta que soy un simple organismo manejado por una serie de neutrasmisores que hacen con mi cuerpo lo que se les antoja, y yo suelo dejarme llevar por ello sin rebatirles nada puesto que son tan diminutos y poderosos que no sabría cómo combatirles. Prefiero dejarlos tranquilos, gobernando en su trono cerebral mientras que apelo al corazón por un poco de enteresa, para que me deje tranquilo y me devuelva aquello que lo hace a uno más independiente y dependiente de lo que cree: la capacidad de amar.

Y eso de la capacidad de amar puede causar realmente desenlaces subnormales, digamos que es un factor determinante y hasta determinativo, dependiendo de cómo habremos erigido nuestro universo interior sobre esta base. Como pueden apreciar, esta clase de desenlaces atípicos lo rescatan a uno de no se sabe dónde (especialmente a mí); yo no sé la verdad, el por qué se me ha dado por escribir acerca de esto, que muy bien sé que desconozco tontamente pero que, no obstante, me he dignado a sentir ahora y aquello me revuela por el cerebro diciendome: es ella.


Siendo sincero siento que este tema esta totalmente fuera de mi fuero, pero tratándose de ella tal vez tenga alguna oportunidad ¿no?, alguna vez alguien dijo que las verdaderas palabras provienen del corazón, aferrándome a esas cuarenta letras anteriores creo de que podría ser la excepción, hablar de algo bonito y duradero, como su mirada en mí.


Atraviesa mis sueños y sin más presiento que no vuelve, que aunque intente aferrarme a su pétrea figura sé que jamás estaré a su altura y no podré complacer sus más maravillosos sueños, sueños de princesa, princesa de un cuento que yo creé y del cual no pertenezco, no soy si no un mero narrador, entreverado entre puntas rotas de lápiz 2B, que la dibuja a la perfección y le sonríe entre papeles de cuaderno.


Perpetuarla para siempre, es lo único que podría hacer, tallarla a punta de lápiz dentro de mi corazón, con su sonrisa fulgurante que me recuerda que se acerca la primavera y que quizás el viento me mezcle en su camino, así sea como un ser patógeno (que es lo más seguro), opacando su hermosura con mi rostro innombrable, pero al fin y al cabo siguiéndola con la mirada, embarcándome en travesía celestial, inacabable para ella, indescifrable para mí.


Y es que muchas veces deseé ser un piojo, un diminuto piojo para pasearme entre sus cabellos, deslizarme por ellos como si se tratase de un gran tobogán, imaginarme que ella piensa en mí de la misma manera en que yo lo hago por el simple hecho de que estoy en su cabeza, aunque solo sea como un bicho molesto. Dar volantines en sus ensortijados cabellos y no saber si estoy mareado de amor o de verdad. Acompañarle mientras duerme y cuidarle de otros zánganos que quieran hacerle daño, porque sería un piojo vegetariano por ella, para protegerla hasta el último día de mi parásita vida, o hasta que se canse de mí y me asesine de un inadvertido cabezaso hacia la almohada a causa de alguna pesadilla, para nada bienvenida, de la cual es probable que sea yo el protagonista.


Todo esto va a que sería un animal (más de lo que soy) o un insecto o lo que sea posible para tener el privilegio de tan solo poder observarla, en su esplendor de mujer decidida, que conoce el mundo al que se enfrenta. Yo lo conozco y lo aborrezco, y me aborrezco por aborrecer al mismo aborrecimiento también.


Entre mis odios y amores el equilibrio se me ha predicho, el balance está rotundamente a su favor y trataré de mantenerlo, porque solo así, quizás, podré sentirla más cerca, y eso basta.


No me gusta escribir pero me divierte, mas si es por ella sería capaz de intentarlo siempre, aunque nunca me salga. Es ahí donde encuentro la certeza de que abandonar el fragor de su presencia me será imposible por más que lo quiera. Después de todo al fin puedo concebir perfectamente la idea de que soy muy malo escribiendo pero bueno satirisándome, y me hace feliz la ironía de que sea bueno siquiera en algo. Entonces comprendo horrorizado: quizás nunca deje de escribir.


Mas la veo y pienso: ojala nunca deje de hacerlo.


M.


Insensato, ta.
(Del
lat. insensātus).
1. adj. Falto de sensatez, tonto, fatuo. U. t. c. s.
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sábado, 11 de julio de 2009

Un dedo en el hombro

Junio 2009
Estoy cansado de estas cosas, inevitablemente cansado. Todo lo que veo a mi alrededor se repite, se repite y se vuelve a repetir. Me levanto con sueño, recontra zombie, fastidiado con todo el mundo porque me tocó un horario deshonroso en la universidad, el cual aplaca mi paciencia de a pocos y me va acabando como si se tratase de un ataque de minúsculos estafilococos dirigidos hacia mí por algún ente de la extraña naturaleza. Reniego de todo, sobre todo reniego de mi imagen que decae claramente, soy un tipo ojeroso, con cara y pelo de loco, a simple vista derrotado por alguna fuerza desconocida que cargo sobre mis hombros de igual manera que cargo esa mochila que ni si quiera es mía, si no de mi hermano. Camino aletargado, el sueno ocasiona que mis pasos sean cansinos, torpes, dignos de mi; y así voy rumbo hacia aquel paradero que no podría estar más lejos porque simplemente sería demasiada molestia para un mismo día, sería una turbia exageración del destino atentando para con mi desdeñable flojera, que de por sí, ya es un factor determinante en mi vida. Estoy a punto de llegar al paradero cuando veo avecinarse la fatídica máquina de transporte, más conocida en el mundo del hampa como CHAMA. No tiene piedad de mí y acelera al ver mi tímida mano asomarse por esa villa salvaje que son las carreteras peruanas, logro salvar mi mano inexplicablemente y ahora voy como un demente correteando a aquella cosa que casi me deja sin mi mano predilecta para escribir ( lo que hubiese sido un considerable favor para la humanidad ) , y voy tras ella porque es mi única esperanza para llegar temprano y que no me jalen el curso por tardanzas, voy tras ella porque creo que acabo de ver al cobrador comprando un TROME, como dándome una oportunidad. Después de haber capturado ese carro como una ola salvaje pienso que tal vez podría descansar un poco los ojos, el esfuerzo fue grande para alguien como yo que solo utiliza sus huesos para engañar a las balanzas. Habiendo escogido, según yo, un lugar estable, asiento placentero donde sufrir menos las afecciones del viaje, me encuentro al costado de un noble señor, de buen talante y terno impecable, que me mira como ido, como tratándome de contar algo. Yo no sé que decirle, lo miro con estos ojos que nunca saben decir nada y pienso que por fin podre descansar un rato, que ese hombre algo apesadumbrado tiene sus propias procesiones y que las cargara con disimulo y resignación como cargo las mías. Iba pensando que Lima siempre es gris y que nunca sé en que estación estamos, que este clima siempre se repite, como todo y que no existe variabilidad alguna. De pronto alguien toca mi hombro, no hago caso, me hago el dormido o al menos lo intento, pero el tipo es persistente, lo toca dos veces como una amenaza de que la siguiente serán tres. Me desperezo levemente y veo que es el hombre que se hallaba a mi costado, tiene una mirada de angustia a la cual reprocho con una mirada que sin lugar a dudas no es de interés si no de desentendimiento. Me pide perdón por la molestia pero tiene que hablar con eso de alguien, que lo viene trayendo loco aquel secreto oscuro, que ayer engañó a su mujer y se siente culpable pero que no se arrepiente, que sabe que estuvo mal pero que en el fondo la paso muy bien, que se sintió mas joven que nunca aquella noche voraz, la noche de ayer. Yo no sé que decirle ante tremenda confesión, me quedo callado, enmudecido, pasmado por las palabras que acaban de ser lanzadas al viento, siento que el tipo debe haberse sentido realmente solo para haber cometido aquel acto de fidedigna locura y luego habérmelo comentado a mi, creyéndome digno de una confianza tal vez secreta y necesaria en algún sentido para él. Me mira como esperando una respuesta, un comentario, una burla, algo que rompa el espeluznante silencio. Al no encontrar palabra alguna de mi parte parece haber comprendido mi falta de juicio y en un gesto de complicidad me pone el brazo sobre el hombro y me dice: Tienes razón, hombre, a veces el silencio lo dice todo. Luego me sonríe amablemente y grita ESQUINA BAJA; y yo me doy cuenta que soy el hombre más tonto del mundo, y sin embargo pude enseñarle algo a aquel desconsolado tipo sin haberlo planeado en lo mas mínimo. Por un momento soy feliz y pienso que es muy probable que este día no se vuelva a repetir.