lunes, 11 de enero de 2010

Que el tiempo nos indulge


Bueno, está de más decirte que lo que pasó fue tremendamente inexplicable y casual; y a la vez mágico e inolvidable. Solo sé que no sé si la coincidencia nos volverá a juntar así, que no sé si los brazos del destino nos vuelvan a abrazar y poner cara a cara, porque verte ahí y conocerte de esa manera de seguro que fue un golpe de suerte para mí. Estoy seguro que no ganaré la Tinka jamás en la vida porque mi suerte al conocerte de seguro se habrá agotado. Pero no me molesta tanto eso, no necesito la Tinka para ser felíz, te necesito a ti.

Ya mira, sé que te has percatado que soy un mal bailarín y todo eso, no me lo saques mucho en cara porque yo aprendí solito, sisisi así como los bebitos que aprenden a caminar por su cuenta y se tropiezan con sus propios pies. Soy malo bailando y todavía tuve el descaro de preguntarte: ¿Bailas conmigo?. Y no me podías decir que NO porque mi cara de idiota no varía mucho al momento de hacer preguntas, además, tuve la intuición de que mi rostro poco agraciado te provocó cierto humor el que, mezclado con mi idiotez, te hizo decir sí tal vez sin querer.

Pero sigamos, no soy nadie para juzgar tu decisión, bien podrías haberme tirado una cachetada por la insolencia de haberme fijado en ti y posar mis ojos sobre tu ajena belleza, que no es digna de mi mirada plebeya, pero en fin. Bailábamos, callados, nadie dice nada, yo no la quiero fregar, espero que me preguntes algo, aunque sea que me preguntes: ¿Por qué no te das cuenta que acepté bailar contigo tan solo porque me das risa?. Pero nada, entonces yo pregunto tu nombre y tú me lo dices, algo displicente quizás, y yo espero que sea tu nombre real y no un nombre que hayas visto en alguna telenovela mejicana.

Aguardo a que me preguntes el mío, aunque sea por cortesía, no lo haces, nunca lo harás porsupuesto, yo te lo tendré que decir, pero eso es más adelante todavía. Todavía no termina la canción y ya te aburriste, me dices: Ya no más, gracias. Y yo: Está bien, gracias a ti. Y te vas a buscar a tu amiga y desapareces por buen rato. Yo me quedo sentado en las escaleras preguntándome qué es lo que exactamente pasó. Luego encuentro justificado el que te hayas aburrido ya que soy un mal danzante y carezco inevitablemente de ese derroche de sensualidad varonil que muchos tienen, y entonces me arrepiento de no haber aprendido a bailar marinera cuando era pequeño.

Sé que no vas a volver a ese mismo sitio porque te sientes aburrida, en realidad no vas a volver a ese mismo sitio porque sigo sentado en aquella escalera esperando por tu retorno. Entonces te desvías, aparentemente yo no te he visto y bueno me amagas magistralmente y te sientes tranquila. Take it easy, ya entendí el mensaje, mejor me alejo.

Me voy a un costado, converso con mis amigos, que sí que que buena salsa, mi sueño siempre ha sido tener una orquestita de salsa y intentar cantar como Lavoe, carijo, pero que imposible que es, ese hombre tenía una voz increíble.

Pasan unos minutos, yo regreso, creo que olvidé algo en aquellas escaleras, mi voluntad. Voy a recogerla, a llevarla de la manito para que no se pierda, y enseñarle a un par de modales para que comprenda mejor las hostilidades de este mundo gris. Pero, ¡Oh milagro! Vuestra presencia está en el mismo lugar donde la divisé por primera vez, y yo no dudo en acercarme y mandar la voluntad y todo lo que se interponga en mi camino al abismo de los frenos de mi vida.

Entonces, como soy más terco que una mula (aunque más mula que terco), me voy acercando hacia ti, y tú no me miras porque de hecho que no soy la atracción del lugar y hay cosas mucho más bonitas para ver. Me abro paso y me paro a tu costado como un árbol, esperando poder decirte algo. Pasa una canción completa, no puedo. Corre el tiempo, se hace tarde, no puedo dejarte escapar así. Te saludo por tu nombre y te pregunto de nuevo: ¿Deseas bailar?. Y tú me miras con una cara de fastidio tremendo y me dices que no. Yo comprendo, me siento un poco golpeado por tu respuesta, pero soy jodido y te pregunto: ¿Te puedo acompañar, entonces?. Y tú dices: Bueno ya que insistes.

Te digo mi nombre y así comenzó todo el drama, me contaste tu historia, ella no era tu amiga, era tu hermana, y aquel que estaba ahí no era un chico cualquiera, había sido tu enamorado. ¿Qué hacían entonces tu hermana y él abrazados por allá medio escondidos? No te lo explicabas, yo tampoco.

Me pides que te abraze, yo lo hago sin dudar, estás triste porque no encuentras explicación a nada, yo estoy triste porque nada tiene explicación, es casi similar así que me siento con el deber de tratar de tranquilizarte pues no tenemos la culpa de estas cavilaciones inesperadas.

Nos hacemos amigos rápido, pasan muchas cosas que solo tú sabes que pasaron, me cuentas muchas cosas que solo nosotros sabemos que han pasado. Forjamos nuestra propia defensa a todo aquello que amenaza con aniquilar la tranquilidad del momento que estamos pasando. Creo en ti como nunca y te digo que nunca te pierdas, porque tendría que encontrarte denuevo.

Abrázame fuerte si deseas, porque tal vez sea la única y última vez, eso lo sabes, así que no pierdas el tiempo. Vamos, escapemos por aquí que todavía nos queda un poco. Corramos como Indiana Jones, volemos como el Aladino, lloremos como el Rey León, rujamos como Tarzán.

Este es el momento de todo, hagamos que nos alcanze.

Hagamos que nos alcanze...




NM-

domingo, 27 de diciembre de 2009

Gracias sin gracias

Gracias:

- A Dios, por la vida, por la fe, y por las galletas de chocolate.
- A San Martín de Porres, por ser mi patroncito y protegerme.
- A Don Bosco, por darme una gran familia.
- A Maria Auxiliadora, por acogerme bajo su manto.
- A mi padre, por siempre negarme los permisos.
- A mi madre, por no creerme nada.
- A mi hermano, por creerme todo.
- A mi hermanita, por decir que soy su hermano.
- A mi tía Carmelinda, que siempre se acuerda de mí y me quiere como un hijo.
- A mi tío Jota, por la sabiduría que siempre comparte conmigo.
- A mi primo Luis, por la complicidad de lunas y demás.
- A mi tía Virginia, por la fuerza invisible que transporta.
- A mi tío Oscar, por los retos a pirigalla en cancha neutral.
- A Marcelo Florez, por ponerme siempre el hombro.
- A Iván Mendoza, por la ausencia que me hizo madurar.
- A Piero Rojas, por los buenos momentos y pichangas.
- A Rodrigo Laguna, porque siempre estás.
- A Diego Torrejón, por la confianza, las canciones y los sufrimientos siguiendo a la crema.
- A Martín Torrejón, por la alegría de ser amigos y las conversaciones a medio pelo.
- A Diego Chapilliquén, por ser tan serfer.
- A Alejandro Romaní, por ser mi inquilino.
- A Sergio Valencia, por ser mi compañero de cuarto y de vida.
- A Álvaro Culqui, por pensar en mí y considerarme importante.
- A Santiago Obando, por las reus que siempre vamos a extrañar.
- A Iván Várgas, por ser un ejemplo para mí.
- A Jorge Álvarez, por ser un extraordinario músico y ofrecerme su amistad.
- A Juan Dolores, por ser mi socioy compañero de libros.
- A Aaron Arrese, por las sonrisas que me hacía fabricar.
- A Eduardo Pérez, por las tardes en el taco y con el tío Bigote.
- A Luis Durán, por aguantarme siempre.
- A Bryan Padilla, por nunca olvidarse.
- A David Carpena, por las muchas enviciadas y las palabras compartidas.
- A Edison Guevara, por ser mi padrino.
- A Darío Valverde, por siempre desaparecer y aparecer de la nada.
- A Hugo Tapia, por la espontaneidad de los planes y las fallas sin querer.
- A Robert Rojas, por los comentarios filósoficamente distraídos.
- A Nicolás Valverde, por los consejos y los lapos con cariño.
- A Alex Tejada, por ser fiel a sí mismo y las chelas en el hueco con la gente.
- A Iván Millones, por ser tan esmerado y a la vez tan gay.
- A Gabriela Adrianzén, por ser una J.P que nunca olvidaré.
- A Elton Jhon Barrantes, por su hilarante nombre.
- A Fred Rohner, por los consejos vocacionales y las clases de criollismo.
- A Cristina Mazzeo, por ser argentina y enseñar Historia del Perú.
- A Úrsula Chirinos, por parecerse a Cecilia Valenzuela y hacerme leer lo que no debí.
- A José Carlos Huayhuaca, por ser una leyenda y por las películas inolvidables.
- A Alejandro Ortíz, por jalarme en Matemática1 y arruinarme más la vida.
- A Maria Claudia Loayza, por enseñarme lo que es una mujer valiente.
- A Anhyela Gonzáles, por odiarme infinitamente.
- A Gabriela Castro, por destrozarme el alma y quererme tanto.
- A Stephany Melgarejo Tello, por dejarme dormir en sus brazos y por visitarme una vez.
- A Stephany Melgarejo, por soportar siempre mi cara somnolienta.
- A Danae Briones, por la confianza que no merezco y por visitarme en su cumpleaños.
- A Angela Gonzáles, por prestarme libros y contar conmigo.
- A Gina Manchego, por enseñarme mucho y escucharme tanto.
- A Melissa Cervantes, por las clases compartidas y por acompañarme a ver Fuerza G.
- A Adriana López, por la compañía en los cambios de horas y por renegar de Rohner.
- A Selva Felix, por entenderme perfectamente y por las largas conversaciones.
- A Lesly Rojas, por la noción de la inocencia que impregnaste en mí.
- A Jaime Bayly, por escribir todos sus libros.
- A Julio Cortázar, por ser mi modelo a seguir y por ser inalcanzable.
- A Beto Ortíz, por ser condenadamente humilde y sincero.
- A Bryce Echenique, por Pepi Monkey.
- A el Warcraft, por ayudarme a jalar Mate1.
- A el Hip-Hop, por desvestirse ante mis ojos.
- A los Enemigos Intimos, por las noches de sonrisas.
- A Philip Butters, por ser tan agrio y veraz en El Especialista.
- A los libros, por dejarme vivir.
- A Naruto, por darme ganas de vivir una semana más para leer el siguiente manga.
- A todos los que me leen, porque a pesar de desperdiciar su tiempo conmigo me lo agradecen.

A todos gracias.

Y perdón a los que nombré, gracias por enterder la importancia que tenía para mí el hacerlo.

Los voy a extrañar.

Más aún a los que no nombré.


A...X..Z

domingo, 13 de diciembre de 2009

La cosa es simple



Mira, la cosa es un poco simple, no me gusta andar con rodeos asi que te lo digo así, mostrándome como nunca me has conocido... bueno, es verdad que me conoces muy poco... pero eso es lo de menos, mira, solo déjame colorearte un poco (a mi manera) cúan importante eres tú para mí.

Tengo que verte, no tengo las posibilidades para hacerlo pero lo necesito. Hay una cosita aquí adentro en esto que dicen que se llama corazón que no me deja tranquilo, me dice: Hoy es, hoy es. Y yo que no sé qué hacer y tú que ni lo sospechas tal vez. Ni sospechas que yo hago lo imposible para robar un inconsciente contacto con tu mirada distraída, que ando tras tu perfume como un loco sin saber por qué lo hago, que le pregunto a todo el mundo por ti aun sabiendo que es improbable que te conozcan. Y es que considero que no conocerte es un pecado y el no haberte visto nunca es no haber conocido el cielo. Así que hago lo imposible para verte porque nunca quiero dejar de contemplar el cielo.



Escucha un rato. Si me enmudezco cuando hablamos no es porque no sepa que decir, es porque tengo tanto que decirte que no sé cómo hacerlo. Y es entonces cuando prevalece el silencio sobre mí, porque toda la vida la he fastidiado cuando abro la boca y no quiero que esta vez vuelva a suceder. Te hablo, por eso, con el idioma de los ojos, porque esta mirada te puede decir todo lo que quieras y es el reflejo eterno de mis sentimientos, es la única forma de quererte en mi silencio soñador.


Me puedo escapar de mi casa, de mi cuarto, de mi cama, de mí mismo, pero no me puedo escapar de ti. Es muy difícil decir que voy a dejar de pensar en ti solo porque me lo voy a proponer, sería completamente falso admitir, además, que lo voy a intentar. Ya me di por vencido, ya me di por vencido por ti. No se me nota todavía pero falta poco, falta poco para que me veas babeando por ahí recitando tu nombre a los viejos vientos de esta ciudad. Pasaría por tu casa de noche y te cantaría una de Pedrito Suárez Vértiz: Cuéntame, cuéntame sobre tu vida. Cantaré feo porsupuesto, porque no lo sé hacer bien, y si me tiras una maceta yo la atrapo, le siembro una rosa y te la regalo.


Estoy caminando sólo, son las tres de la mañana y en la avenida San Germán se puede ver de todo: Un travesti pasa por mi costado, está acechando a un desafortunado borrachín. Pasa un hombre en moto y le dice: Homosexual! No creas que te lo vas a levantar!. Los policías están tomando unas cervezas en la esquina y alardean, revólver en mano, haciendo maniobras peligrosas . Luego viene un taxista y le pregunta al travesti cuánto es, se retiran los dos al rato. Mientras, un individuo baja de un hotel dos estrellas con una chica de apariencia infantil que baja la mirada al verme. Yo solo sé que esta ciudad nunca va a cambiar, que a pesar de todo esto que observo sigo caminando porque hay una esperanza, Niña, que tú me quieras siquiera un poquito de lo poco que se me puede querer.


Entonces yo soy algo invencible: Saludo al borrachín, amago futbolísticamente al travesti, hago oídos sordos al mundo exterior, esquivo con maestría las balas perdidas de los policías, cruzo la pista y los taxis no pasan, miro al individuo y lo noto avergonzado, camino quince cuadras y veinticinco pienso en ti.


Porque así de simple es, como te lo dije hacia el comienzo, quizás seas lo único importante que existe en mi vida. Más aún, eres mi motivo más desgarrador para escribir.


Dios me perdone por quererte.




N.

lunes, 16 de noviembre de 2009

No me sigas



No me sigas, porque camino lento, porque mis pasos son aletargados y cansinos, en cualquier momento pararé, dejaré de avanzar y me desbarataré por las colinas de aserrín de algún lápiz desolado, destajado sin piedad.


No me sigas, porque erré el camino hace mucho, porque cada paso es un aproximamiento a la provocativa autodestrucción masiva de este ente caminante por vocación irrevocable; porque, si este camino es cada vez más angosto, corres el peligro de que caigas en el intento, y sería mi culpa otra vez.


No me sigas, porque hacia donde voy necesito estar solo, porque la soledad me arrastra tentativamente a un diálogo amoroso que solo yo podré entender, sería en vano que persistieras en tratar de seguir mi rastro, ella no te lo permitiría, es muy celosa con su víctimas, y cuidadosa también.


No me sigas, porque seguir es tarea de los que nacieron para hacerlo, porque seguir no es cuestión de querer sino de necesitar, de saciar la sed inexistente y fatigante de proyección benéfica, y yo no tengo proyección alguna.


No me sigas, porque puede ser peligroso, porque si vienes conmigo es poco probable de que puedas regresar, nada será lo mismo, nada, porque es tóxico el radiactivo margen que dejo tras mio y no te hará nada bien, te lo aseguro.


No me sigas, porque es mejor tenerme lejos, porque si me tienes lejos puedes extrañarme de vez en cuando y escribirme cartas imaginarias, porque si me tienes lejos SERPOST no se quedará vacío y eso me hará feliz.


No me sigas, porque yo también estoy perdido.



A-Z

lunes, 26 de octubre de 2009

Bajo la lupa y tu a mí




¿Sabes? hay muchas cosas que te hacen poderosa. No, no lo digo porque seas dueña del universo (nadie sabe), si no porque me late que me podrías comprender y eso es peligroso (o especial).


Yo creo que es alguna virtud o inexplicable habilidad eso que tienes tú; él no aburrirte cuando hablamos, el decirme que no estoy en lo correcto, el confiarme lo que nos confiamos y todo lo demás. ¿Lograré algún día agradecerte todo esto? ¿Alcanzaré algún día a tocar tu mano para tomarla y decirte "Gracias"? Ojalá pueda, que me alcanze la vida para decirte gracias porque, lo diré mucho, pero a veces ni sé porque lo hago.


Tal vez tú tengas las explicaciones que tanto busco, explícame entonces, yo sé que tú podrás, por qué apareces tan tarde y derrepente en mi vida. Quiero sentarme a escucharte y darme cuenta de que tienes razón, de que el poder que tienes sobre mí no es algo que me he inventado y que en realidad sí existe, porque tú existes y eso explica mucho, pero quiero escucharlo de tu dulce voz, sería mejor.


Entonces vamos por ahí, empezemos poco a poco, háblame con el silencio de tu sinceridad viciosa, para quedarme embobado mientras me golpeas con tus palabras salvajes y voladoras. Toda palabra tuya anhela, te prometo no esquivarlas, solo no me digas que no me conoces, no me averguenzes más conmigo mismo...


Y si lo haces qué haría yo... me atrevería a dejarme...


Sería mejor que deje muchas cosas también, dejar todo para irme, porque solo si me voy podré volver, y solo si vuelvo podré saber quién soy. Pero si me fuera podría descubrir cosas que tal vez no debería, cosas que no me toca saber, que me podrían herir. Como saber, por ejemplo, que no me extrañarías ni un poquito cuando mi ausencia te responda, saber que mientras yo piense en ti y maldiga haberme escapado de la realidad, tú andes pensando en que la vida es más fácil si yo no estoy, porque no soy ese chicle molestoso que no te deja dormir en paz y te anda diciendo que te quiere apenas puede, como un endemoniado.


Te juro que esas noches no puedo dormir y pienso que somos incurables.


Sherlock Holmes nunca debió encontrar nuestras pistas, perdió el caso.





A1,B2,C3,D4,...................Z26.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Anochece mañana

Porque todo tiene que salir mal, sino algo no está bien. Lo comprendo de vez en cuando y ya osé resignarme a ello, me siento y pienso: ¿Qué será de mi? , y sé que nada, seguiré siempre en lo mismo, impertenecible a un mundo ajeno a mí, ¡vaya novedad!, otra vez no entiendo a nadie, otra vez ya no sé para qué y otra vez doy volantines hacia atrás, insinuando que sé hacerlo.

Quisiera poder comprender un par de cosas, de esas de las que me suceden, pero es imposible. Es imposible poder comprender lo incomprensible, lo que no es propio, lo que no te pertenece. Quiero entender por qué no entiendo nada si es que antes yo creía entederlo perfectamente. Nada es perfecto, ahora lo sé, me lo tengo que aprender de memoria para no volverlo a olvidar.

No pretendo olvidar (en realidad sí) ,pretendo entender, es lo único que pido(en realidad no). ¿Será que de nuevo es mi culpa por pensarlo todo mal? Seguro que sí, 17 años y aún no aprendo a tener la sangre fría necesaria para sobrevivir, es por eso que muero de a poquitos a diario y ando amargadísimo sin saber qué hacer conmigo, porque conmigo ya no se puede hacer nada.

Hoy pienso en ayeres, en tiempos pasados y en viejas heridas, en papeles arrugados que quisiera olvidar en el basurero de mi escritorio. Sé que será difícil, no soy de los que olvidan fácilmente, nadie me ha enseñado a hacerlo, tendré que aprenderlo por mi cuenta, como muchas cosas más en la vida.

Si llueve hoy y anochece mañana, ¿Cuándo habrá sol?, ¿Tendré que esperar hasta que salga? ¿Y si voy hacia él? Si voy hacia él podría quemarme, eso esta claro, o quedarme ciego (que sería mejor). La solución sería esperar, pero la paciencia no es una de mis mayores virtudes, entonces acercarme con guantes y lentes oscuros, como si se tratase de un elemento radioactivo, tal vez sería mi mejor opción.

Para allá voy, intenta sostenerme si es que aún te queda algo de decoro por esta alma rota y marchita, si es que la dignidad de recoger al caído todavía no se ha extinguido en este mundo, si es que la piedad de consolar al desolado merece ser alabada en estos tiempos de ruido y miseria. Porque si tú me sostienes me caeré contigo y no solo, porque si caemos juntos podremos conversar mientras lo hacemos, y podré caer primero, perder la conciencia y perderte para siempre mientras el sonido sonoro de la desdicha me conmina a olvidarte, no porque quiera, sino porque no existo.

Entonces lo que imaginé salvación acabará por corroerme de a pocos, hasta eliminarme por completo, y así insinuaré que nada pasó, pasaré de pasar las cosas y los pasos a pisar las casas y los pisos, sin darme cuenta todo volverá a ser anormal e iré en picada hacia la destrucción mortal de haber pensado alguna vez que esto fue real.


Perdón, denuevo, corazón.



a,b,c,d,e,f,...1,2,3,4,5...

sábado, 3 de octubre de 2009

Te confio mi confianza


Los días suelen enfermarme y no hay antibióticos para eso, y así los hubiera no los tomaría, por el simple hecho de que no me gustan las pastillas. Prefiero lo natural, pues, buscaré en el Edén algo que me cure esta maldita gripe que no sé si es porcina ("...Y si por mi fuera, moriría por ti, porcina...") o es la bendita costumbre de sobrellevar así mis días. Creo que los dos tipos son muy adorables, aunque una menos que otra, claro está (siempre con las preferencias, porcina).

No sé pues, suele suceder que un día decido que estoy tan cansado de estar cansado que me canso de cansarme cansándome por cansancios ajenos, y de pronto soy yo de nuevo, dando vueltas por aquí, saludando a la gente con una gran sonrisa y mi mano al aire. Me paro y me pregunto: ¿Qué es lo que he hecho todo este tiempo con mi vida? y el viento no responde, se pone recontra mudo, ni siquiera me silva, y yo comprendo que soy demasiado espeso como para que él me digiera. Entonces me rio, me rio como un loco, porque esta sonrisa no tendrá mi nombre pero al menos tiene mis dientes.

De echo, es un día anormal (más anormal que los de siempre y hasta más anormal que yo), en el que tengo la cabeza en ningún lugar y en ningún lugar encuentro mi cabeza, me desespero un poco pero es indescriptiblemente noble y bello observar cómo las cosas se van concatenando, casi como por arte de magia, como en un sueño.

Recuerdo que a mi la magia me daba miedo de chiquito, los payasos también. Sabía que el mago traidor me estaba ocultando alguna triquiñuela vacía tras su manga y yo tenía miedo de que pueda adivinarla antes de que la revelara y sentirme yo como el burdo mago engañador. De igual manera los payasos me causaban pavor, y era porque sabía que tras esa gran sonrisa falsa difícilmente había un hombre feliz. Mis fiestas infantiles debieron ser una decepción constante.

Pero dejo aquellos recuerdos de lado, solo rescato la magia, porque la magia si existe, hoy lo pude comprobar. Deben haber diferentes tipos de magias en el mundo, tanto como hay diferentes tipos de idiotas, de payasos, de aburridos (como yo) o de tantas otras clasificaciones que luego publicaré en algún lado, cuando me de tiempo. No obstante el tiempo nunca da, asi que lo veo imposible, de todas formas solo pienso hablar de aquella magia rescatista, que te recoge del suelo y te aprieta contra el aire, te hace un peinado cachetada y te dice: Camina, hijo, que el camino es largo. Y yo le hago caso, porque antes nunca me había hecho un peinado y de vez en cuando me gustaría intentar cosas nuevas.

¿Cómo llega esa magia? No lo sé. ¿Cómo se va? Tal vez lo sepa. Lo real es que hoy la sentí y espero no volverla a perder, sería demasiado tonto (hasta para mí). De pronto me sentí tan importante como El Rey de Gamarra, cuando me dijiste que te daba risa que yo viera TV Perú. Fue tan sutil y memorable aquella conversación, tan vivaz, llena de sentimientos y necesaria que, aunque no nos alcanzó el tiempo, estoy seguro que lo entendimos todo.
Nunca supe confesar tantas cosas mías, nunca supe escuchar tan atentamente a alguien, nunca un perro me había lamido la mano tan exageradamente, nunca me habían regalado un libro con una dedicación tan conmovedora, nunca había tenido que guardar silencio luego de un valsesito criollo, nunca había pensado que era tan flaco, nunca me habían dicho tantas cosas ciertas con tanta naturalidad, nunca había conocido una persona tan directa e incorregiblemente sincera, nunca una cuadra me había parecido tan interminable, nunca la despedida había sido tan larga, nunca había escrito tantas veces nunca, nunca alguien me había dicho que lo que escribía le parecía cojonudamente hilarante y bueno, nunca había escuchado un timbre de celular tan extraño, nunca había pensado que eras gorda (no lo eres), nunca me había sentado en un sillón tan confortable, nunca me había sentido tan cómodo y encajado en una conversación, y sobre todo, nunca alguien había confiado tanto en mí como tú lo haces. Yo sí creo que eres especial (y no es mentira).

Por eso gracias por confiar en mí e inspirarme tanta confianza a la vez, gracias por encargarme la corrección de tu libro que no merecía la sucia intervención de mis malas dotes literarias, gracias porque sé que hoy antes de dormir pensaré que hoy fue un día muy extraño y memorable para mí, gracias porque crees en mí y en todo lo poco que hago, gracias por convertirte en mi amiga.

Tu libro está condenadamente bueno y me ha enseñado mucho, creo que causará alguna revolución y tu serás la culpable indirecta, y me sentiré completamente orgulloso de eso, y mucho más, si me dejas prometerte que no te fallaré y que evitaré que mi cabello esté tan reseco todo el tiempo.

Te auguro un buen futuro aunque yo siempre haya tenido mala suerte (y un mal peinado), te confio mi confianza desde ahora, no me dejes fallarte.

GN.