jueves, 17 de marzo de 2011

Sigo siendo un cowboy

De: Enero 2010

Te voy a dar hasta tres para que desaparezcas. Uno, dos , tres. Caprichosa. Te disparo y no te vas. Es imposible deshacerme de ti. Tal vez por eso ande contigo esta noche.

O madrugada.Ya es de madrugada. Prefiero no saber la hora. Solo supongo que deben ser más de las tres porque las personas ya están regadas por el piso, como cigarrillos pisados, como chapitas de Sprite, como mis ganas de seguir pensando en cosas bonitas y mágicas, y esas cojudeces mías.

Camino. Camino solo porque no me gusta darle explicaciones a nadie. Ni a mi mismo.
Sé perfectamente que si pasa algo seré el único culpable. Que si me peleo con un borracho confundido o enamorado, nadie lo sabrá. Que si la noche me arrincona en un bar desconocido, seré el vaquero solitario que se tome una cerveza y mire a los demás extrañamente, como detestando la compañía inevitable. Que si se hace demasiado tarde, seré el que sabe que en ningún lugar está el amor y por eso no lo busca, al contrario, huye de él con todas sus fuerzas, se esconde debajo de una piedrita y espera a que se vaya por favor, a que se vaya por favor...

He tomado la cerveza más amarga de mi vida. Y he sido egoísta, no la he compartido con nadie. No vale la pena. No vale sus 5 soles tampoco. Hay cosas que no deben valer nada, de seguro. Pero ya la bebí, y ahora quiero otra. Pero en este lugar no, conozco otro más allá. Donde paran las almas decadentes, los poetas borrachos, los músicos que nunca fueron, las mujeres que nunca se casaron, los hombres que ya se cansaron. Esa gente que me cae muy bien y no sé por qué.

A veces quisiera patear todas las puertas como un cowboy. Romper todas las reglas y dejar mi caballo en el estacionamiento amarrado a un poste de luz para cagar al del valet parking. Caminar hacia la barra haciendo sonar mis botines, y reclamarle al cantinero, mientras me agarro el sombrero de cuero, que me sirvan una cerveza fría porque yo soy, carajo, el tipo más bravucón del condado. Entonces, beber la cerveza como un maleducado y hacerle guiños a la mujer más bella del lugar. Pasar mi puño sucio por la boca para limpiarme la espuma y acercarme a ella con la intención de formularle la típica ruda pregunta: ¿Quieres robar un banco conmigo? Y esperar ser choteado ahí, no por malo, ni anticuado, ni grosero; sino porque soy yo. Pues así fuera vaquero, escritor, presidente, estoy seguro que no irías conmigo ni a la esquina, nicagando.

Que va a ser. Estoy solo y en los bares a esta hora ponen música triste, música que te arranca lágrimas de los ojos, como con pinzas. Estoy aburrido de la misma gente vacía de siempre. De esas sonrisas falsas, de esos cuerpos operados, de esas caras maquilladas, de esas dietas balanceadas, de esa gente fabricada en los gimnasios que parecen maniquíes de Gamarra. Todo es comprado, con algún interés de por medio, para obtener algún beneficio. Quedan tan pocas personas y tanta gente del montón, suelta por ahí.

Estoy caminando por esta calle y cada discoteca me vomita una persona similar. La humanidad ha de haber perdido ciertos designios divinos, para transformarse en una especie de espectro reproducido en cantidades industriales, con el mismo sello y copia en cada individuo. Odio esta ciudad.

No quiero tomar más cerveza, ni ningún otro alcohol. Es probable que ello me deprima de sobremanera. Comenzaría a pensar que no tiene sentido beber solo pues no hay con quien brindar. Y es que, porsupuesto, no hay nada que celebrar. La soledad no se celebra, se cuida. Se guarda en el alma con mucho cariño porque a veces es lo único que nos queda, lo único.

Cruzaré esta calle y dejaré a todas esas personas atrás. Que conversen de la moda. De sus fiestas banales. De sus relaciones interesadas. Para mí, les juro, ahorita me resulta más importante comerme un pollito a la brasa.

Voy a comerme un pollito a la brasa en esa pollería que nadie visita. Esa, la del fondo, la que nadie mira nunca. Donde los pollos se mueren de vejez y no en un plato de 28 soles (con papas, cremas, gaseosa o chicha y ensalada). Donde la mesera no limpia las mesas porque nunca se ensucian. Donde las personas solo llegan por curiosidad y jamás se quedan, por miedo. Donde lo único que pasa es el polvillo (y eso es). Donde el chef solo cocina para él (y a veces para la mesera). Esa pollería quiero para mí, es perfecta.

Y me sentaré. Me pondré cómodo mientras le digo a la mesera que me dé un cuarto de pollo. Y me contestará que a ese cuarto solo ingresa personal autorizado, como el chef o como yo (ella), que siempre le da la razón al cliente pero que esta vez, perdóneme usted joven, no va ser posible eso. Yo sonrío, le digo que en serio me dé un cuarto de pollo porque tengo una hambre desgraciada. Y me recrimina, desconfiada, que seguro debo de ser uno de esos coimeros inspectores que siempre vienen a comer gratis, que debo de ser uno de ellos porque hasta la pinta tengo. Percibo que en ese cuarto debe pasar algo muy extraño, oscuro, siniestro y que los pollos tal vez están jugando póker de tanto aburrimiento. Yo quiero, le digo, la cuarta parte de un pollo entero, por favor. Se lo digo con una sonrisa gigante, como de idiota, porque me impresiona su inocencia. Lo hubiese dicho desde el principio pues joven, y me mira con el cejo fruncido, hay mucho trabajo acá y me hace demorar así.

Se va, yo me quedo sentado (y ausentado). Y me quedo más que nada con la sensación de que todavía existe gente pura, gente humilde, gente sencilla. Que puede ser interesante conocer mucha gente así, y conversar horas y horas sin sentido de cosas, esenciales como de un cuarto de pollo que nunca conoceré.

Y me despido de la soledad en este mismo instante, que se vaya a la cochera.

Claro que sí. Si es que algún día muero solo, quiero que antes mis plumas escriban algo verdadero.




Por mientras que más quisiera que tú....

viernes, 25 de febrero de 2011

Voy a volver

Algún día he de empecinarme en escribir algo que no de risa.

Podría escribir, por ejemplo: "Me duele el corazón izquierdo". Y entonces no sería un chiste, sería verdad.

Deténgame si miento ahora, o más tarde. Deténgame, muchachos, si al escribir esto no soy sino yo mismo el que se da cuenta que va a perder otra vez el partido, sin tocar alguna vez el balón.

Porque este juego es innecesario. Es perder o ganar, sin un empate que valga. Así que, dime tú: ¿Qué he hecho yo para ganar esta derrota infragante, avallasadora venganza del destino, además de haberte deseado como a nadie jamás nunca? La respuesta no existe. No la sabes, y yo tampoco. Y si me dices que ningún sufrimiento tiene sentido, mientes, porque el dolor es un síntoma inocultable. Eso significa que puede que esté enfermo de ti, y te padezca con el mismo lujo de la enfermedad más cara y peligrosa que pueda existir. O que te tengo tan dentro mío que tengo que tomar medicinas para olvidarte. Jarabes para que desaparezcas de mi organismo lo más rápido posible. Pastillas para debilitar a la memoria y ya no soñarte al dormir. Inyecciones para estar sedado toda la vida y cuando vuelva a verte saludarte como si nada hubiera pasado. ¿Cabe la posibilidad, acaso, de un remedio tan infalible? Como si nada hubiera pasado, pues en realidad eso, no pasó nada, no pasó nada...

Entonces volver a pensar que ya nada tiene sentido, y que tal vez no sea que las cosas hayan perdido su significado, sino que quizás nunca lo tuvieron realmente. Antes que nada, debo preguntarte si alguna vez deseaste participar de este crimen deliberadamente, o si sólo fue un accidente del azar, como siempre. Sé que bajarás la cabeza y dirás que todo será mejor después, cuando todo pase.
Que pasen los micros, los años, los presidentes, las estaciones; pero pedir que una persona pase sin dejar huella alguna es un poco ingenuo de tu parte. Y más ingenuo de mi parte porque yo te creo. Creo que puede haber una solución, que podemos llegar a un acuerdo, pero igual siempre perderé algo: la fe, las esperanzas, la paciencia, las ganas de volver a querer tanto y cada vez menos, cada vez menos...

No te voy a reclamar nada, pues no soy un comprador enfadado ni nada por el estilo. Es más, ni tú me vendiste algo que no sea lo que siempre supimos que era, algo sin garantías ni avales. Deposité mi confianza en una cuenta fantasma, inexistente. Y, como ha de suceder, se esfumó, se quebró, me fui a la bancarrota. Nada sospechoso, nada nuevo. He de aceptar que estas cosas me suelen pasar y que la costumbre ya me malacostumbró tanto que ya no sé si temer. Ya no sé si temer o tomar. Temo aprender mucho de este error y jamás volver a repetirlo. Yo no siento que me hayas engañado, ni que me hayas hecho daño, siento que me has fallado y mucho, si es que eso se puede. He de recordarte a ti como una bella equivocación, después de todo.

Déjame contarte que apareciste en el momento más indicado, cuando todo iba mal.
Y que te fuiste en el menos indicado, cuando más necesitaba de tus cachetadas verbales, de tus mimos cursis y de las cosas sin sentido de las que siempre conversábamos. Cuando, indudablemente, todo seguía yendo mal, y seguirá en peor.
Te has ido cuando las personas han comenzado a fallarme en cadena. Cuando este año de mierda ya me está derrotando en su segundo mes apenas. Cuando estoy comenzando a creer que estoy tan descarrilado que quizá nunca me alinie con ustedes, con las galaxias, o con lo que sea que uno deba alinearse para ser normal y que me quieras aunque sea un poquito. Por cariño, por caridad, pero por pena jamás, el amor nunca se mendiga, porque siempre recibes sobras.

Pero he de voltear aquella página. No voy a estar triste ni nada, ni mucho menos enfadado. He aprendido a aceptar algunas cosas con cierta irritante tranquilidad. Así que estoy bien. Tú también estabas muy bien (déjame decirte).
Entonces, más tranquilo, recuperaré el humor salvaje, porque es mi única arma para sobrevivir en esta guerra. Voy a tomarlo entre mis manos y hacerlo realidad. Voy a seguir tratando de secuestrar sonrisas. Voy a alegrarle el día a otras personas porque eso, probablemente, alegre el mío. Voy a volver al humor porque, en el fondo, siempre quise ser cómico, pero mis padres nunca me dejaron. Voy a hacer reír porque dicen que reír alarga la vida. Voy a regresar al humor porque tal vez sea lo único que me dé más fuerzas. Y sobre todo, voy a regresar al humor para demostrarte a ti y a todos esos cabrones que todavía no me han vencido, que voy a seguir en pie hasta que me duela el corazón derecho y solo en ese momento, ya no pueda seguir de tanto mal.

He aprendido mucho a pesar de estar de vacaciones, la vida me ha agarrado a palos pero ha sido bonito. Inspirador casi. Mágico, diría.

Imagínate que estamos caminando en la playa de noche. Que las olas del mar nos arrullan con un susurro celestial. Que las estrellas tintilean para nosotros. Que los cangrejos nos saludan con la patita derecha. Que la arena es suave como tu piel sensible y que las gaviotas guardan sus vuelos magistrales solo para deleitarnos. (¿Te imaginas, acaso, tan bello panorama?) El silencio se hace dueño de nuestro espacio. Yo sé que es perfecto para hablar y que ya has tomado una decisión. De pronto la luna lanza una red y te atrapa, entiendo de pronto que las cosas tuvieron que ser así desde el principio. Y yo me despido de ti así, porque es inevitable y no lo puedo impedir.

Porque son cosas que pasan...







Muchas gracias por todo.

lunes, 10 de enero de 2011

Soy salado


Me preguntaste por qué dejé de escribir, y yo te respondí con la insensata respuesta de siempre: Soy un flojo de miércoles y me tomo muy pocas cosas en serio. Entonces me dices que a veces (solo a veces) valía la pena leerme porque para ti era como una forma de conocerme más, y no te miento si te digo que muchas veces escribí pensando en tí, para robarte una sonrisa y escucharte decir: Eres bien huachafo en realidad, hasta para mezclar las palabras, deberías tomar cursos de ética, etiqueta y de pasada tomar tus maletas y cambiarte de facultad porque te vas a morir de hambre escribiendo así. Es un consejo de pata - amiga, te lo digo por tu bien y el de tu bolsillo (más que todo).

En ese punto, solemos discrepar. Te converso que nunca he pretendido ser escritor ni nunca me la he creído. Que yo pretendo mucho más la pedagogía, que es algo inspirador. Quiero tener mis alumnos y llamarlos por sus apodos. Que me tiren avioncitos en plena clase y carajearlos. Aguantarme un buen apanado en el recreo por haberlos jalado por jodidos. Coimear con panetones y whiskys cada Navidad para ahorrarme la grati. Dármela de pelotero profesional jugando en sus partidos. Ser admirado y odiado. Descubrir alguien con talento y decirle: Tú vas a ser más grande que Mario, carijo, vas a ganar dos Nobel, uno va a ser para ti y uno va a ser para mí, porque ya sabes, siempre la gratitud al viejo maestro, eso nunca lo olvides.

Pero para llegar ahí me falta mucho trecho pues, así como una década masomenos... A propósito, cambiando un poco de tema, ¿te había contado que soy salado? Pues no, osea, que me guste el mar no tiene nada que ver, una cosa con otra, ya mira, así de simple, soy salado y no precisamente porque no me guste el pescado, tampoco, no tiene coherencia, aunque la playa sí es bonita, claro pues, solo en invierno porque no hay gente. Ya, no te molestes, disculpa si redundo mucho, es que un salado tiene mala suerte hasta para las explicaciones. ¿No lo crees?

Pues bueno te voy a contar nomás lo que me pasó ayer, y no vayas a pensar que esto no es cosa de todos los días, porque usualmente sí lo es. No lo mismo siempre, por supuesto, la saladera tiene mil facetas, como comprenderás.

Es tan simple como verme una mañana despertar con una tos del demonio, porque alguien dejó la ventana de mi cuarto abierta y el frío de la noche me perforó el pulmón. Pareciera que tengo un pitbull en las cuerdas vocales, porque no sé si estoy tosiendo o estoy ladrando. De todas formas es una situación atípica que se puede pasar por alto, ya sabes, nadie quiera sospechar que pueda ser el indeseado comienzo de alguna jodida mala racha que acabará conmigo en la tumba o en la cárcel. Nada, osea es una tosecita que se puede curar a punta de jarabes con sabor a fresa. Eso espero, que sean de fresa, porque de limón no me gusta. Tosiendo como ametralladora de vez en vez, estoy como un fumador terminal. La gente en la calle me recomienda que deje el cigarro y yo les digo que nunca fumo tanto, pero que si lo dejo será con alguien de confianza, no con ninguno de ustedes, desconocidos señores, estimados carepalos, que solo quieren ganarse un par de puchitos gratis con algunos consejos baratos y fingidos, a costa de mi desolada enfermedad veraniega.

A estas alturas, estoy en el punto de mira en mi casa. A la hora del almuerzo mis padres me recriminan. Que no me cuido, que no hago ejercicios, que no me coma todas las frutas ah!, que ya se acabaron el helado ayer porque sabían que me iba a enfermar, que lave los platos después porque ya se les hace tarde y que, ¡Carambas pero mira que pena!, estás enfermo y nada de permisos pues, eso sí, no te olvides de ir al inglés en la noche. Ahí sí que no puedes faltar porque te lo estamos pagando y que, mira que no hay sencillo para el pasaje así que mejor ve caminando hoy, que no creo que hoy llueva, no seas tan pesado, en verano no llueve, en Lima metropolitana jamás, desde la época del abuelo no se ha asomado una gota en el primer mes del año, segurito segurito.

Yo asiento con la cabeza. Nisiquiera les contesto. Estoy pensando en la visita que haré más a tarde a una persona que no veo hace mucho. Nada más me importa, sé que será un gran alivio contar con su presencia aunque sea unos pequeños segundos. Me contacto con ella para confirmar mi llegada nocturna: Claro que sí, de todas maneras voy después del inglés, ¿qué cómo estoy?, normal, todo bien, muy tranquilo diría yo.

En ese momento se me escapa una pequeña tos y ella, preocupada, me reformula la pregunta, esta vez con un tono un poco más agresivo: ¿En verdad cómo estás?, Tengo una pequeña tos, le digo, vencido, y me reponde: Ay qué horror! Mira, mejor quédate en tu casa descansando ¿sí?, no quisiera que te empeores pues!(ni que me contagies, claro) , ya será para otro día, espero que te mejores en serio, voy a rezar por ti ¿ya? (ni que me fuera a morir), ojalá pienso, ojalá.

Con una tos fatal, con todos los permisos denegados, cancelado por una amistad que valoraba mucho (valoro), pienso que no todo puede salir mal porque, carajo, mi vida no es una película de terror, ni un drama terrible, a todos nos pasa estas cosas de vez en cuando. Además hoy es el primer día del inglés y, para ser sincero, he pedido a todos los santos que por primera vez en mi vida tenga un poco de suerte con mi salón y que haya, por lo menos, una persona femenina de mi edad para establecer una comunicación interesante durante las clases y no morir aplastado por el aburrimiento de la soledad insoportable. Sin embargo, apenas llego puedo confirmar decepcionado que mi petición nunca atravesó las puertas del paraíso y que, coño, es el peor salón que me ha tocado en la vida pues casi todos son de la promoción de mis padres en edad y que, esto va a ser de doble esfuerzo: una batalla para poder aprender, y otra para derrotar a la malagracia de la profesora que, desde que me vió atravesar la puerta lo hizo con mala cara, como queriendo hacerme retroceder con una mirada magnética invisible (e inservible).

Sí, la profesora es de lo peor, me ha querido botar del salón como dos veces por distraído pero en todas me le he adelantado y hecho la finta para ir al baño. Me duele el pecho, y no sé si sea por la maldita tos o porque esa persona en la tarde me canceló más rápido que un estornudo. Terminaron las clases y salgo apurado porque no me quiero cruzar con nadie conocido que se burle de mi situación deplorable. Tengo hambre. Veo alrededor y no encuentro nada comestible. Cruzo el puente y una señora vende papa rellena a una solitaria moneda de 1 sol. Apenas siento el olorsito me dejo guiar nomás, como buen perrito. Soy de la creencia de que una enfermedad desplaza a otra, así que la miro a la señora y pienso esta es mi oportunidad: Harta ensalada porfavor y bastante ocopa que no he almorzado bien, y de ese ajisíto verde también, claro harta cebollita, es lo justo. Me sirve una gigante, que más parece un churro y yo voy comiendo contentito con mi trinche rosado. Nada que mala suerte, cuñao, eso no existe, esta papa rellena está para chuparse los dedos y, aunque después es probable que me intoxique (como me pasó la otra vez), esta tos se irá de una vez por todas y podré caerle de sorpresa a mi amiga pero curado, espero.

Nunca tomo atajos pero esta vez sí los tomo. No sé quién michi me manda irme por otro camino pero hoy es mi día, no hay nada que hacer. Apenas doblo la esquina pasa una patrulla de policías pero yo los ignoro, me estoy atorando mi papa rellena de una forma salvaje, haciendo ruido, chapoteando. Sigo caminando distraído, ya me llené pero todavía falta la ensaladita, no hay forma, hay que acabarla para que haga el efecto deseado. Estoy a punto de pinchar mi lechuga cuando la patrulla pasa denuevo y me corta el camino. Yo me sorprendo y los quedo mirando mientras mastico como una vaca. No te muevas, me dice un tombo bigotón. ¿Qué estás comiendo?. Yo no puedo responderles porque estoy comiendo, y mi mami me ha enseñado que, es de mala educación abrirla mientras lo hago. Ahh te haces el interesante, dice el tombo cachoso. Colega, tenemos un sospechoso, dice, riéndose como un abuelito, y baja otro más, uno canoso, con pinta de ogro. Va a tener que acompañarnos por no acatar nuestras órdenes. Yo no lo puedo creer, paso la ensalada de inmediato y siento como raspa mi garganta, entonces les digo que no es posible que me lleven solo por ser educado, y ellos me dicen que es una falta de respeto hacerlos esperar porque son una autoridad, así que suba a la camioneta de inmediato. Yo les respondo que la comisaría esta cerca y podemos ir caminando, conversando amablemente. A lo que el tombo bigotón me responde, cagándose de risa : No jodas pues compare! la gasolina la paga el estado así que como las huevas! Y yo pienso: Carajo, acabo de ser detenido por comer papa rellena.

Estoy detenido y me llevan en la camioneta hacia la comisaría, estoy jodido pienso, y lo peor es que no he hecho nada grave (al menos hoy). Pero no tengo esposas ni nada, estoy en el asiento de atrás y los dos policías están adelante, el bigotón manejando y con una salsa a todo volumen está cantando una del Gran Combo. Llegamos a la comisaría y la camioneta se detiene. El tombo bigotón se voltea y me mira amenzante: Ahora si vas a hablar chetumare! qué estabas comiendo!
Y yo: papa rellena jefe, papa rellena. El tombo care ogro asiente pero sin voltear la cabeza, y el bigotón vuelve a interrogar: Y dónde la conseguiste! habla que sino te cagas! Y saca su pistola y la mueve amenazante. Acá no más, por el puente le digo, suave con eso y miro la pistola que está sin balas pero sé que un cachazo de esos duele hasta el alma. OK, dice, nos vas a seguir acompañando para comprobar tu testimonio, sino te vas pal' calabozo por mentirle a un oficial!. Y yo digo dentro de mí : Será que no puedo ser más salado.

Los tres vamos en la camioneta, les indico el camino pero desgraciadamente estamos en contra y el bigotón dice: Que no jodan las combis que somos policías, y el condenado acelera en contra mientras las combis le mentan la madre y él les reponde a la par, sin mirar el volante. Entonces avisto a la tía y le digo: Ahí es jefe, ella vende. El tombo deja de insultar y se mete con todo y máquina a la acera sin percartarse que estuvo a punto de atropellar a dos señoras y un árbolito. Baja mierda, y pide tres, me dice. Yo le digo: estoy misio señor. Y me responde: te haces el huevón! Dile que paga la comisaría de sol de oro pues cojudo!
La señora me da las tres papas rellenas con su yapa y todo. Antes que me vaya me pide que le hable bien de ella a los tombos: Está bien madre, le aseguro que no la hundiré. Les doy sus tres papas rellenas por la ventana de la camionetaa los tombos y me devuelven una: Esta para ti compare, come que estás bien flaco, me dice el bigotón y se caga de risa. Cheveree sobrino, y arrancan a toda velocidad, en contra porsupuesto.

Yo no sé si reirme o nada, estoy cansando, con una tos del carajo, sin permiso para nada, cancelado por alguien, con indigestión, confundido por lo que acaba de pasar y no tengo otro acierto que irme a mi casa caminando y comiendo mi papa rellena que, sin duda, sabe mejor que la anterior (porque es gratis). Cuando pienso que nada peor puede pasar, comienza a llover gotones, parecen globos de carnavales y yo me rió ahora sí. He de ser el hombre más salado sobre la tierra, pienso, al fin logro ser el mejor en algo, ¿me lo creerías?.

Y entonces sin dudarlo vine al toque a contarte todo esto, como para que te sientas orgulloso de mí alguna vez en la vida.



En serio valoro la amistad, créeme.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Se me chispoteó


Yo lo recuerdo todo. Tranquilito y pensando que esta vez las cosas sí saldrían bien. No podían salir mal, sería demasiada saladera. No puedo cometer siempre los mismos errores, contar los mismos chistes estúpidos, la misma triste historia de nunca acabar y preservar intacta la misma antipatía hacia al mundo que me hace renegar constantemente. No más. Recuerdo que dije aquí me planto y voy a comenzar una vida seria, ahora sí me voy a tomar la vida en serio. Luego de pensarlo bien, me cagué de risa, no podía creer que yo me estaba prometiendo esas cosas de tío cincuentón desesperado.

Pero así fue. Esa tarde me bañé tres veces porsiacaso para sacarme la mala suerte. De pronto quería hacer todas las cosas bien. Me puse mi camisa menos fea, los zapatos menos sucios, el pantalón menos gastado. Quería estar lo más presentable posible y, por qué no, un poquito guapo si eso era, acaso, algo posible. Creo que no quedé tan mal después de todo. Me despedí de mi madre con un besito y me dijo, por primera vez en mi vida, que me veía muy distinto, más maduro: Estás creciendo hijito, y recien me estoy dando cuenta. Tal vez era verdad. No supe responderle nada acertado. Salí de mi casa apurado como siempre, pero sonriente, como nunca.

Tomé un "Chino". Mientras me pisaban mis zapatos en el bus, pensaba que el dolor quizás no existía, que eso era una pobre imaginación de nuestras mentes para excusar la tristeza y los malos momentos. Eso suele pasar cuando uno está medio idiotizado. Uno cree que tiene la fórmula para todo y que la resolución definitiva se dará con la presencia de esa persona que, de entrar a tu vida, será como una llave que abrirá todas las puertas, incluida la del corazón. Es obvio que estaba equivocado, bueno un poquito no joroben.

No sabía en que paradero debía aterrizar. Aterrizar porque esos buses sí que vuelan. Caí por un paradero - puente repleto de gente que podría muy bien haber sido una fiel representación de todos los estratos de la interesante sociedad peruana. En esa tarde oscura y fea (bien fea), las cosas tenían que salir bien así que, medio perdido, le pregunté a un marcador con pinta de causa sí el Jockey plaza no estaba muy lejos y si sabía cuánto iba ganando la "U". 2 a 0 me dice, dos golazos de Alva, y el Jockey ta al frente, cruza nomá pe sobrino no seas flojo. Chevere causa voy a cruzar este puente tan gigante que me hace acordar a una nave de las guerras de las galaxias, gracias por el consejo de pata, hermano. Este puente es condenado, tiene una subida criminal que va incrementando su inclinación cada vez más y parece terminar verticalmente, exigiendo una escalada a lo Indiana Jones. Yo sufro subiendo, pero por amor uno hace tantas cojudeces. No tengo físico y me planto a mitad de camino, pienso que debía haber traído mi ropita de deporte y fácil la hacía. Estoy recuperando el aire (contaminado por supuesto) y observo a la gente, mi causa el marcador corretea a un carro para recoger una china, y más allácita una señora de aproximadamente unos 40 años sufre cruelmente subiendo su carrito ambulante por este puente del carajo. Se me ablanda el corazón, estoy con la chispa de que creo en el amor y que todo debería ser felicidad para la humanidad (Sí, huevón). Bajo rápidamente y con cara de boy-scout le digo: Seño, déjeme darle una manito. Y la señora asiente y sonríe por primera vez en el día probablemente. Cada uno agarramos una manija y empezamos a correr empujando ese carrito cuesta arriba en aquel puente montañoso. La maratón es todo un éxito y casi sin darnos cuenta ya estamos del otro lado. Gracias, me dice la señora, ojalá que no te roben hoy. Y yo le digo: Muchas gracias por sus buenos deseos madre.

Debo admitir que nunca me han gustado los grandes centros comerciales, para mí son grandes antros del consumismo y de la perdición material, sin embargo, este iba a ser el punto de reunión con ella, quién indiferentemente de mi postura política y tanta huachafería criticona, me arrastraba contentito a estos oscuros laberintos donde me sentía como un Fauno perdido y gracioso.

Tosco como nunca, caminaba por las afueras y veía a una pareja pelear, una chica bonita (muy bonita, demasiado bonita, extremadamente bonita, bien bonita, bueno, bastante bonita) le tiraba monedas en la cara a su enamorado reclamándole alguna infidelidad, el susodicho, ante tal amorosa amenaza, emprendió carrera en apurado escape agudizando el escándalo, pues las monedas llovían y la gente se tiraba al suelo para recogerlas como locos y hasta conseguí para mi pasaje de regreso, no lo voy a negar, que tuve un poco de suerte porque ese día todo saldría bien.
Entré al Jockey e inmediatamente me declararon una guerra hostil aquellas tiendas monstruosas, mi media con hueco no competía con tanto lujo y vanidad, pero no era eso para lo que había venido aquí, debía encontrarla en el cine, en la puerta, claro está que haría la finta de que yo la invitaría a ver una película y ella, respetuosamente, debía negarse porque ya era muy tarde y las chicas buenas no van al cine en la noche no no no, sobre todo con los monstruos que protagonizan tanto horror suelto en las espectaculares carteleras de medianoche.

Se demoró una hora. Se disculpó y la verdad que no le creí nada,pero ya había pasado el mal momento así que nos disculpamos ambos mutuamente: Ella por su tardanza y yo por mi cara tan malcriada que, como me viste esa vez de noche, seguro no te diste cuenta, perdoname pero nunca estuve con máscara.

Vagamos por ahí, nos perdimos por los restaurantes, conversamos de todo un poco, de Literatura, de cine (¡que pena que se hizo tarde!), de la familia, de tú mamá, la mía ni la toques, jaja, sí que tu hermana también parecía buena gente, que si conocieras a mi familia no te sorprenderías mucho porque te gustan los zoológicos,claro que estudio y mucho, mucho tiempo pierdo tratando de creer que escribo cosas que valen la pena, que escribo sí, porque me pica la mano pero igual me la rasco, y que tú solo ves tele todo el día y qué bacán pues que Magaly haya regresado y que nos ilumine todas las noches como el dulce ángel del apocalipsis que es para Chollywood, yo también creo en la suerte ¿tú no?.

Entramos a una cafetería y me atreví a comprarle una cursilería llamada "Frapuccino" o algo así y le gustó mucho, para qué. Después me preguntó por qué no me compré uno para mí y yo que no, que no me gusta mucho, que solo quería contemplarla tomando eso y sonriendo y que la verdad que soy misio pero no te lo voy a decir porque me acabas de dejar sin mi cena para hoy y tal vez te suene gracioso pero para mí no lo es tanto porque con ese dinero me hubiese comprado 5 hamburguesas en mi barrio y con su yapa encima pero bueno. Todo esto lo pienso por supuesto. Si supieras el mal partido que tienes al frente seguro que ya hubieses marchado hace buen rato, pero las cosas tenían que salir bien, tenían que.

Luego hablamos de la vida, de cómo nos ha tratado (en mi caso, maltratado), y a tí que te va muy bien, que me alegra mucho que te hayas mudado para La Molina y que ahora tengas una casona como esas de la avenida Arequipa, que te van a comprar un carro si entras a la universidad pero nunca fuiste buena para los estudios así que mejor te dedicabas a cocinar y eso, que tu ídolo era el gordito de Gastón, que tiene cara de papa rellena jaja bueno mejor no seguimos hablando de comida porque se te va a antojar comer algo y ahí no sé que me invento porque estoy ajustando con mi pasaje y es un hecho que me voy a pelear con el cobrador porque lo voy a tener que atolondrar para que me cobre preciso. Esto tampoco lo digo.

Al final, como caballero que soy (o quisiera ser), la acompaño a su paradero para que tome alguna combi que tenga como destino la muerte o un taxi que, con suerte, solo le robe con un desarmador y nada más. Mira que la calle está peligrosa y para eso necesitas compañia. Ajá, claro que sí, un hombre fuerte que, sin lugar a dudas, no soy yo. Lo sabes perfectamente, te has dado cuenta, que no soy la persona que creías, que no tengo billete, que no soy pintón, que mi carrera univesitaria no tiene futuro alguno, que mi vida es un completo desorden infeliz. Pero no me lo dices, sabes que esas cosas hieren, que no se dicen, pero que la hemos pasado bien bonito, diciendo mentiras elegantes, engañando al amor, hemos teatralizado la pareja inexperta del momento en un domingo de Febrero.

¿Yo que tengo para darte? Preguntarás en tu mente mientras te despides. Pues mi media rota, mi sencillo del bolsillo, mis ganas de empujar el mundo, la locura de creer en el amor, las veces de silencio mientras tomas algo que no es tuyo, el deseo de ser alguien normal para tus ojos, la sinceridad animal que me caracteriza. Nada que te importe realmente, nada que se pueda comprar así no más ni que vendan en el Jockey, para todo lo demás hay VISA, niña, pero todo esto no se consigue así no más, fueron años enteros amargándome la vida para conseguir jodérmela, y valieron la pena porque, apenas puedo reconocer las cosas por su fidelidad, me siento feliz.

Al final todo salió bien. Cada uno a su casa, el 'nos vemos pronto' para cumplir y 'el no te pierdas eh' como ritual que nunca termina. Todo salió bien. Te fugaste de la faz de la tierra por efecto de magia o yo ya estaba afuera de ella cuando llegaste, no lo sé. Jamás me la creí, además. Todo salió bien porque, a pesar de tanta mala circunstancia, me di cuenta que no podía dejar de ser yo mismo tan solo para complacer a los demás, y por amor menos, sería tan solo una mentira solapada para mi colección.

Ya no estoy seguro de que pueda conquistar nada.

Esa noche las lágrimas jugaban guerrita con mis almohadas y yo las dejé morir.




La vida se me chispoteó desde el comienzo....

domingo, 24 de octubre de 2010

El ladrón de tus noches


Hay un perro. No. En realidad hay muchos perros y perras en esta vida. Entonces digamos que hay muchos perros. Sí. Aunque este perro creo que no lo conoces. O tal vez sí. Quizás lo has visto por ahí. Pero seguro que no sabes nada. Yo tampoco sé nada. Venimos a este mundo sin saber las reglas de su juego. Nadie nos enseña a vivir bien o a vivir mal. Nadie nos enseña a ser perros o a ser humanos. Nadie nos ha dicho que sea cierto que la luna salga los lunes. ¿Alguien te ha dicho que te quiero?. ¿Alguien me ha delatado algún jueves entonces?. Alguien ha mentido bastante. Y no sé si tú o yo. Habremos de competir por las noches. A ver quién conquista las estrellas primero. ¿Serás tú?. Es probable que yo nunca haya sido. Pero estuvo tan cerca. Vamos a patear los árboles. Con los ojos cerrados. Hay que tenerle miedo a la vida de vez en cuando, coño. No podemos ir por ahí, cacheteando la suerte y riéndo. Guau Guau. A veces ladro y no me escuchas. ¿Para qué me vas a escuchar tú al final de cuentas?. No escuchas ni a tu propio corazón. No escuchas y no luchas. Te doy la patita. Creo que te gustan los gatos. Eso explica todo. Eso no explica la mutua alergia. Eso no explica pero pica. Échale más ají al cebiche. Échale más mentiras al caldo. Tienes una visión gastronómica espectacular. Solo no cocines perro, por favor. Dicen que el fuego quema. Más que tus cachetadas, lo dudo. Menos que el infierno, por ahí. Lo conocemos perfectamente. Visitas diarias. Cuando no, semanales. Es la tradición. Es la traición. Es la emoción. Es la confusión. Es la ya-no-ya. Mucha paranoia. Tú con la locura que se cura. Yo con la locura que asegura. Es divertido si lo ves así. Y si no lo ves mejor. Hay cosas peores que ladrarle a un gato. ¿Piensas que lo hago adrede?. Así no se puede. Claro que no se debe. Debería pero no llueve. Por mi parte, que se mojen todos. Por tu parte que todo se moje. Que todo se enoje. Que este perro sonroje. Eres sabia con la labia. ¿La felina ahora es de Yugoslavia?. Desconoce perro peruano. Perro feo, perro enano. ¿Quieres saber porque ando pelado?. ¿Será que tú me has despreciado?. Soy el perro que durmiendo mueve la patita. He pensado que tus ojos son de dinamita. El sonido de las miradas. Las horas en el sonido se explican. Cuando yo cachorro y tú gatica. La vaca ya no se acuerda cuando fue ternera. Las mariposa no se acuerda cuando primavera. ¿Quieres saber por qué me escondo de ti en la noche?. Primero encuéntrame y no me des reproche. Duermo en la calle. Como de sus bolsas. Espero que me lanzes tus sobras. Me gusta el chifa. Ya lo sabes eh. Yo ya no quiero saber más de ti. Yo ya quiero tener más de ti. Yo ya quiero que se hable mal de los dos. Que la pareja dispareja dispare. ¿Sabrás lo que significa que la muerte nos separe?. Que yo me iré primero. Que los animales no nos casamos porque sí. Que podemos ser felices, sin embargo. Y el amargo déjalo para después. Partir joven está dentro de mi planes. La felicidad no está dentro de mis panes. Porque el panadero nunca le fía a los perros. ¿A los gatos sí?. Déjame contarte que los perros no escriben. Los perros ladran. No soy escritor. Mentiroso sí. Pero si alguna verdad te iré a decir. Quiero que sea esta. Que aunque perro y gato peleen. Una cosa es importante. Que si me acompañas esta noche. Por los techos de las nubes. Plagaremos la ciudad con nuestras pulgas. Y ráscandonos te diré. Al susurrar de los aullidos animales: Que lindo mundo nos tocó contemplar bajo la sombra, mientras te robaba las noches.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Un partido entre dos



"Como un perro atropellado por el Metropolitano". Así me siento, causita. Me han pasado por encima con una gracia sutil que duele pero gusta. Pica y arde como ají panca. Ya no da rabia, alucina, a estas alturas del partido solo esperas el pitazo final y que se acabe el partido de una maldita vez, que entonces se mechen todos los jugadores y que anulen el partido para que todos tengan la culpa y te sientas menos peor (¿así se dice no?).


Así es.


Claro pues, después de tanto showball ocurre que, como-quien-no-quiere-la-cosa, yo le había tirado lenteja a esa personita que ni menos imaginaba me haría alucinar feo con maripositas y brillantinas. Pasa que, nada es como uno quiere que pase, primo, que nada sucede a tu antojo y ya ves, ahora todo cojudo he perdido la batalla más sencilla y criminal de todas, la del amor.


Pídeme una cervezita más causachum. Pa' que resbalen las penas así rapidín pues. Ta' que hace sed, hace penas, hace ratos que no concibo la idea de que la figura haya girado así de la nada ¿Me entiendes?. Ta' que una cosa es que te cancelen a sabiendas pues, osea la clásica derrota, loco, ya sabes que vas a perder pero igual sigues pa' ganar experiencia, por dignidad pura, por amor a la camiseta, pa' no quedar como un huevofrito, pa' jactarte de haberla luchado hasta el final como un buen warrior. Por otro lado, cuando no sabes que vas a perder es jodido cuñau, tú te computas que todo va a salir nais y que las palomitas van a volar bacán, que van a venir los cachorritos y la familia va a crecer y, conchesumá, todos tus patas van a querer a ser los padrinos y se van a pelear pa' ser los namberuan y toda la cosa. Pero mentira pues, nada más reality que la vida misma, la loca me choteó en wan, me puso el parche altoque, me hizo pisar tierra apurao': "Nunca me voy a casar con un escritor misio, yo quiero un verdadero hombre, un hombre que maneje camioneta, y que sea una 4x4, pliz!" Pa' que dijo eso cholario, ¡un miónca!, y yo que ahorraba pa' comprarle una steishonvagon para su movilidad personal (y pa' taxear por las noches cuando la cosa esté brava), me la bajó en una, me negó la posibilidad de convertirse en la doña y dueña de mi vida. Era mentira, causita, igual nunca se va iba a casar conmigo, sé que solo me dijo eso para barajarla lindo y no ser tan atorris. Me revienta que me dejen colgao', hermano, nunca voy a encontrar a la costilla de mi vida, a alguien que me haga piojito por las noches.


Don Beto viene con una chelita fresca, bien sudadita. La seca con una franela vieja.


Gracias maestro. Bueno, como te seguía diciendo, yo ya no sé si llorar o reír, si sentirme culpable o culparla de todito, como te dije, solo espero el pitazo final para que se acabe toda esta vaina. La firme que duele pues, es como tener una astillita en el bobo, es así chicoma y parece insignificante, pero por eso mismito, es más difícil sacarla, se adentra mucho más. Pero hablando así, entre varones, verdacita que me canceló bien con lo del billete. Yo no tengo, compare', ¡y que ni piense que por ella voy a conseguir más de lo necesario ah! porque eso ya es codicia pues, y Diosito castiga, ya sabes. No pensé que se me desviaría así, mano', que me vería como una mina de oro. Al final los dos nos ensartamos pues, ninguno era lo que esperaba del otro, fíjate que el destino es sabio pa' repartir los golpes, pero igual duelen pues, no hay nada que hacer cuñau...


Es triste verlo decaído y borrachoso, se me parte el alma en dos, sobre todo cuando sé que tiene la razón.


Estamos viendo el partido de la "U", son 3 puntos vitales para lograr el campeonato que estamos perdiendo por culpa de un empate inmerecido.


"Va Rabanal peligrosamente hacia el área y disparaaaaa/ataja el portero a medias y se le chorrea el balón/ cuidado con Cachito que puntea la redonda/la toca milagrosamente con el botín y es gol/ GOL DE UNIVERSITARIO DE DEPORTES!!!/ GOL!!!!!!!!!!!!!!!"


Nos abrazamos y gritamos a más no poder, brindamos como locos y lloramos de felicidad por ese glorioso gol esperanzador, que no es más que una moraleja inesperada del azar.


Termina el partido, resultado final Universitario 1 - Total Chalaco 0 .


Ya vez - le digo - tranquilo hombre, no todos los partidos se pierden.


Y entonces nos reímos de la vida como nunca.







X.

martes, 3 de agosto de 2010

Tu controversia me desarma



Se dice que bueno es hacer lo correcto y malo es andar cagándola. Andar cagándola debe ser incorrecto entonces, a no ser que hagas lo correcto y la cagues, pero sin querer. Aunque aveces uno quiere y la caga sin intención. Ya sea porque es indebido o ilegal, o porque es muy peligroso para ambas personas. Tú me entiendes. No siempre la cago a propósito, aveces me veo obligado a hacerlo, por el bienestar común. Otras se me sale instintivamente. Qué puedo hacer, estoy medio cagado.


Antes no importaba mucho que hiciera frío, antes tampoco importaba mucho "el amor no tiene edad" y esas cosas. Sabes a lo que me refiero. Hay límites impropasables, leyes irrompibles, riesgos innecesarios y personas imbéciles que se cruzan en los caminos. Yo me cruzé en el tuyo hace ya mucho, aunque ya mucho no importe mucho, sino poco importe bastante. Importe de seguro que sí, si bastante ha pasado en poco. Pasado todavía no es, es presente-futuro. Futuro no quiero que llegues todavía. Todavía no he pasado una noche durmiendo en la cárcel. Pasado, ¿qúe ha pasado?. Me cago en la Lingüística, aveces.


Esas escaleras son legendarias, ¿no que no?. Y el sofá, también, puede ser, se puede considerar dentro de la mueblería. Aunque yo soy más de las bibliotecas. Digamos que los estantes. Claro que sí. De material apolillado, fuerte olor a madera. Hay que ver libros gordos regados por el piso, humanitos leyendo textos, probando texturas, saboreando las novelas. ¿Qué autor me djiste que quieres leer? Déjame adivinar tu autor favorito. No claro que no, no insistas tanto, yo no soy un autor. Soy tu raptor. ¿Te puedo recomendar unos buenos?, pero jura no cambiar radicalmente, ¿sí?. No te vayas corriendo, aún hay mucha vida por leer. Devuélveme mis libros, no me cagues.


Vamos, corre. Carijo que esta brecha generacional se nos hizo demasiado extensa. Mi mala costumbre es jamás decir no. Por eso digo "tal vez". Está bien para ti. Está bien para mi. Está mal para el resto del universo. Han mirado culpablemente a dos personas, señores, los acuso de sapos y de escandalosos. Yo no quiero ser abogado si la ley no permite este beso. Quiero estudiar algo que le de la contra a toditos, a tú mamá también. Sí. Quiero ser profesor malpagado pero contento. No puedo pagar tales pituquerías. Disculpa si suena cagón.


Yo voy para allá y casi me atropellan cuatro veces. Taxi amarillo nomás, más peligroso que anaconda. Caminar es mejor, me alegro que lo sepas. Ya sé que ahí graban "Al fondo hay sitio". No sabía que no sabías, perdón. Vivimos lo suficiente como para morir de risa o morir de celos. Ya sé que no te importa mucho. Te gustan los parques y las bancas. A mí me gustan las palomas. Solo verlas, comerlas me dan penita. ¿Te has escapado denuevo verdad?. Te van a gritar otra vez. No te preocupes, puedo ser tu tutor. Ya soy mayor de edad. También puedo firmar hijos y ser encarcelado ¿sí o no?. Ja. Por supuesto que no. Ya sé que tu sueño es ser madre. Pero conmigo no. Tampoco con el "Señor buenas tardes". Ser madre sin quedar embarazada porque ya no quieres más dolor. Ta` que te entiendo y eres la cagada, déjame decirte, apesar de todo te aprecio bastante.


Las aventuras son interesantes. Esto que pasa es una aventura. No se me ocurre otro nombre para ponerle. Ya, aventurita. Los diminutivos son tus preferidos, nada que hacer con eso. Ganitas habían, personitas habían, amorcito había, miedito había, prohibiciones había, tu tía había, no se podía había, tu familia me odia había, todito, fíjate, todito había. Mi culpa es. No lo ves. Ya no usas los lentes. Los canjeaste por unos puchitos. Debí haberme quedado. Debí haber dicho que todo saldría bien. No me gusta mentir. Pero sí me gustan las galletas que me invitabas. Todo salió mal. Troya ardió. Los dioses me alejaron encadenado de tu cuidad. A esta hora ya no pasan los micros. A esta hora ya no pasan las horas. A estas alturas ya no hay nada que se pueda hacer. Tu controversia me desarma letalmente.


Lamento decirte que la cagué...





C